Los costos de última milla están subiendo en todo el mundo

Durante años, la logística global se concentró en optimizar los grandes movimientos: barcos cruzando océanos, trenes cargados de contenedores y camiones recorriendo largas autopistas. Sin embargo, el tramo más corto del recorrido —el que lleva un producto desde un almacén hasta la puerta del cliente— se ha convertido en el más complejo y costoso de toda la cadena de suministro.

Hoy, la llamada “última milla” es uno de los principales dolores de cabeza para retailers, empresas de logística y operadores de comercio electrónico en todo el mundo. Aunque suele representar menos del 20 % del trayecto total de un envío, puede concentrar hasta el 53 % del costo logístico total, debido a la complejidad operativa que implica entregar paquetes de forma individualizada.

La combinación de expectativas de entrega inmediata, crecimiento del comercio electrónico, congestión urbana y aumento en costos operativos está provocando que este último tramo de la cadena sea cada vez más caro. Para muchas empresas, dominar la última milla se ha convertido en el factor que define si su modelo logístico es rentable o no.

El auge del e-commerce está disparando el problema

Una de las principales razones detrás del aumento en los costos de última milla es el crecimiento explosivo del comercio electrónico. Cada vez más consumidores esperan recibir sus productos en casa, muchas veces en menos de 24 horas.

Este cambio en el comportamiento del consumidor ha transformado por completo la logística urbana. En lugar de enviar grandes volúmenes a tiendas físicas, las empresas ahora deben entregar miles de pedidos pequeños a direcciones individuales.

Ese cambio tiene consecuencias importantes. Entregar cien paquetes a una tienda es relativamente sencillo; entregar esos mismos cien paquetes a cien domicilios distintos implica más vehículos, más rutas, más tiempo de conducción y más intentos fallidos de entrega.

Además, los consumidores se han acostumbrado a opciones como entrega el mismo día o al día siguiente, lo que obliga a las empresas a sacrificar eficiencia para ganar velocidad. Los camiones salen menos llenos, las rutas se vuelven menos optimizadas y los costos por paquete aumentan.

Como resultado, muchos retailers están descubriendo que ofrecer entregas rápidas puede convertirse en un negocio poco rentable si no se gestiona con cuidado.

Entregar en ciudades es cada vez más difícil

Otro factor que está elevando los costos es el crecimiento de las ciudades. Las zonas urbanas densas son, paradójicamente, algunos de los lugares más difíciles para entregar mercancía.

El tráfico, las restricciones de estacionamiento, los edificios sin acceso directo, los horarios de entrega limitados y las zonas de acceso restringido complican la logística diaria. Cada minuto que un repartidor pasa buscando estacionamiento o intentando acceder a un edificio se convierte en dinero perdido.

Además, muchas ciudades están implementando regulaciones ambientales y restricciones al tráfico de vehículos de carga para reducir emisiones. Si bien estas medidas son positivas desde el punto de vista ambiental, también pueden aumentar los costos operativos para las empresas de reparto.

La situación se vuelve aún más complicada en zonas suburbanas o rurales. Allí, las distancias entre entregas son mayores, lo que significa que un solo paquete puede requerir un recorrido mucho más largo. En algunos casos, el costo de entregar un paquete en zonas rurales puede ser varias veces mayor que en una ciudad.

Más devoluciones, más complejidad

El auge del comercio electrónico también ha traído consigo otro fenómeno: el crecimiento de las devoluciones. En sectores como moda o electrónica, los clientes devuelven una parte significativa de los productos que compran en línea.

Cada devolución implica un nuevo viaje logístico. El producto debe recogerse, transportarse nuevamente al almacén, revisarse y volver a colocarse en inventario o enviarse a otro destino.

Este flujo inverso —conocido como logística inversa— agrega una capa adicional de costos a la última milla. No solo se trata de entregar paquetes, sino también de recogerlos.

Además, muchos intentos de entrega fallan porque el cliente no está en casa, la dirección es incorrecta o el acceso al edificio está restringido. Cada intento fallido implica volver a programar la entrega y realizar un nuevo recorrido, aumentando los costos operativos.

Mano de obra, combustible y tecnología

El aumento en los costos de última milla también está ligado al incremento en los costos operativos. Los precios del combustible, el mantenimiento de vehículos y los salarios de los conductores han aumentado en muchos países.

En Norteamérica, por ejemplo, operadores logísticos reportaron incrementos promedio de alrededor del 12 % en los costos de entrega entre 2024 y 2025, reflejando presiones inflacionarias y operativas en el sector.

Al mismo tiempo, la industria enfrenta escasez de conductores en algunas regiones, lo que eleva aún más los costos laborales.

Para enfrentar estos desafíos, muchas empresas están invirtiendo en tecnología. Sistemas de optimización de rutas, inteligencia artificial, lockers inteligentes, puntos de recogida y vehículos eléctricos son algunas de las soluciones que están probando las empresas para reducir costos y mejorar eficiencia.

Sin embargo, estas inversiones también requieren capital y tiempo para implementarse, por lo que el impacto positivo no siempre es inmediato.

El reto logístico que definirá el futuro

A pesar de todos estos desafíos, la última milla seguirá siendo una parte fundamental del comercio moderno. El mercado global de entrega de última milla ya supera los 200 mil millones de dólares y se espera que continúe creciendo a doble dígito en los próximos años.

Esto significa que las empresas que logren optimizar este tramo tendrán una ventaja competitiva enorme.

Algunas estrategias que están ganando terreno incluyen la creación de micro-almacenes urbanos, el uso de bicicletas y vehículos eléctricos para entregas en ciudades, la consolidación de pedidos para reducir viajes y el uso de inteligencia artificial para optimizar rutas.

También están apareciendo nuevos modelos, como los puntos de recogida automatizados o las entregas programadas en horarios específicos, que permiten aumentar la densidad de entregas y reducir costos.

En muchos sentidos, la batalla logística del futuro no se librará en los puertos ni en los aeropuertos, sino en las calles de las ciudades.

Porque al final del día, en la economía del comercio electrónico, el verdadero desafío no es mover mercancías a través del mundo… sino llevarlas hasta la puerta del cliente de la manera más eficiente posible.

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